lunes, 23 de noviembre de 2020

Práctica 2 de Educación Primaria, grupos C yD

 




Día Mundial de la Violencia de Género





                          Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=cQwJxhIF4DI




        Vamos a debatir sobre algunas cuestiones:


         -Realidad de la Violencia de Género en los diferentes ámbitos, entre ellos, 

          el ámbito universitario  

         -Respuesta de la universidad ante la Violencia de Género

        -¿Qué medidas adoptarías para erradicar la Violencia de Género


viernes, 20 de noviembre de 2020

Tertulia inicial

 Cuando se escriba una nueva ley de educación, sería interesante que en esa mesa de pensadores estuvieran sentados los educadores que trabajan todos los días con niños y adolescentes

INVITACIÓN A SER MAESTRO

¿Por qué elegí ser maestro? Porque los maestros podemos abrir puertas y ventanas para que los niños se conviertan en personas plenas, porque está en nuestras manos el empujarles hacia delante para que ellos mismos construyan su presente y su futuro. Podemos hacerles que participen en la sociedad para que nos ayuden a cambiar las cosas. Y para eso también hemos de ofrecerles herramientas. Que sepan cómo expresar una emoción o un pensamiento, que conozcan cómo defender un argumento o aceptar las equivocaciones. Que consigan ser seres resilientes y que esa flexibilidad los transforme en personas más sociales, para poder luchar así por escapar de la individualidad y el egoísmo que, sin darnos cuenta, se convierten muchas veces en parte de nuestra vida.

Subestimamos a los niños constantemente. Llevan a cabo cosas increíbles si se las proponemos. Así, un lunes les animé a retirar los cuadernos de las mesas y prohibí que nadie hablara si no era en verso. Les di algunas pautas y tímidamente comenzaron a expresarse. Estuvimos así toda la semana y, para cuando llegó el viernes, aquello parecía una obra de teatro de Shakespeare. Lo he vivido en carne propia, no se trata de un espejismo: son niños y pueden hacer muchas cosas. Y además tienen una imaginación portentosa, son capaces de ver las cosas de manera diferente si logramos liberarlos de tantas reglas que se imponen en las escuelas. Precisamente por eso su participación en la sociedad resulta tan valiosa. Trabajemos el respeto a las demás personas pero también hacia ellos mismos; respeto al lugar donde viven y a los seres con quienes lo comparten. Es nuestra obligación convertirlos en ciudadanos globales, prepararlos para los retos que la vida les presentará. Las Matemáticas, el Inglés, etc., deberían dirigirse hacia ese camino, es decir, a facilitarles la vida y no a convertirse en meros objetivos de evaluación.

Los maestros llevamos unas gafas mágicas que olvidamos quitarnos a veces. Nuestra visión de la educación, de los niños y del mundo en general, suele ser excesivamente didáctica. Nos parece que todo ha de estar enfocado para enseñar cosas a los niños. Y es así, pero tampoco hemos de forzarlo. En la infancia aprendemos por curiosidad, una curiosidad innata que nos acompaña a lo largo de nuestra vida, pero que muchos dejan de lado conforme crecen. No hay más. En las escuelas nos empeñamos en enseñarles en lugar de invitarles a aprender. Estimular esa curiosidad a diario debería ser obligatorio para todos aquellos que quieran ser maestros.

Debemos aguijonear esa curiosidad, desde luego, pero también transformarnos nosotros mismos en una persona curiosa, con deseos de aprender de todo lo que nos rodea. Un maestro no solo se forma en los cursos homologados por no-sé-quién. Un maestro, una maestra debe atesorar en su interior una máquina de búsqueda repleta de preguntas: por qué, cómo es posible, de dónde, cuánto... ¿Y por qué no aprender con los alumnos, es decir, que sean ellos quienes nos enseñen a nosotros? Ésa es otra de las claves que me guían. Recordemos que si existe algo que le gusta a un niño e sentirse investigador. Aprovechemos para que nos enseñen cosas que desconocemos. Los niños y las niñas pueden sorprendernos, dejémosles espacio para que den un paso adelante.

Te reto a dar a conocer tus proyectos, no permitas que mueran en el aula. Abre las puertas y compártelos. ¿Funcionan con tus niños? Ofrécelos al mundo, comuniquémonos y crezcamos juntos. Miles de proyectos maravillosos jamás se conocerán porque un maestro o una maestra no se atrevieron a dar ese paso, muchas veces por vergüenza o por pensar que no son suficientemente buenos. ¿Ha resultado con un niño? ¡Queremos conocerlo!

En este libro me propuse realizar un recorrido por los proyectos que he llevado a cabo durante estos años, porque me ayudan a reflexionar sobre lo que he hecho como maestro y, además, me sirven de apoyo a la hora de desarrollar todos mis pensamientos y convicciones sobre la educación. Te propongo, a ti que ahora me lees, estimular la curiosidad de tus niños al menos una vez al día. Olvídate de que es la hora de Matemáticas o Lengua, Educación Física o Inglés. El hecho de aprender no debería estar encajonado, la curiosidad no entiende de límites.

Te reto a ser maestro, a redescubrir la esencia de este oficio si ya lo eres, y a contagiar a todas las personas que se crucen en tu camino con esa pasión que ha de acompañarnos siempre. Te reto a que tengas una actitud positiva y llena de pasión para que los niños deseen imitarte, y no te dejes contagiar por los que ya hace tiempo olvidaron la magia de esta profesión.

Que de lejos te vean llegar y digan: «Ahí viene el maestro», con orgullo, con toda la admiración que nuestra profesión se merece, porque de ella provienen todas las demás, y porque con ella se puede contribuir, y mucho, a hacer de este mundo un lugar mejor.

Y si eres padre, o madre, te invito a que des un paso adelante y trabajes hombro con hombro con los maestros que conozcas para que el factor humano esté por encima de los números. Te animo  ofrecer ideas, a proponer cambios, a ser una pieza más de este sistema educativo fresco y nuevo que todos queremos y del que todos somos parte. Por eso, precisamente, entre todos hemos de colocar la educación en el lugar que merece.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Tertulia 1: La nueva educación

La idea de una educación global, de la que surjan seres íntegros, es un tsunami imparable. Sin duda, no solo notaremos una transformación si introducimos, por fin, la educación emocional en las aulas. Además, la necesidad de que los niños y niñas participen y provoquen cambios en la sociedad va a llevar a las escuelas a convertirse en centros donde se estimule el compromiso social.

Los educadores en general y aquellos que se dediquen a hacer leyes por el bien de la educación, somos los primeros que tenemos que aprender constantemente y plantear nuestra trayectoria profesional con un propósito de mejora continuo. Fijaos que he dicho «de mejora». Debemos fijarnos en lo que tiene éxito con los niños y aplicarlo sin dudar.


Todo el mundo conoce la historia de la educación en Finlandia: se ha dicho que es maravillosa, que hacen cosas sorprendentes, que el gobierno les apoya y que todos los finlandeses llevan a cabo proyectos muy chulos y son muy rubios. ¿Conocéis las experiencias de innovación que se hacen en nuestro país? ¿No consideráis que sería interesante primero saber qué está haciendo mi compañero de al lado, y si funciona, aplicarlo? No haría falta coger el avión e irnos a Finlandia. Debemos valorar lo que tenemos aquí, hemos de compartir y reproducir los modelos que funcionan.


Difundamos los buenos ejemplos para que sean conocidos y, de esa forma, imitados. En España hay gente muy válida, y es a ellos a quienes debemos ofrecer todo el apoyo que sea necesario. Contemos con ellos para este cambio, seamos esponjas. Aprendamos de lo que están haciendo. En sus clases tienen niños y niñas que cada día están deseando ir a la escuela y aprender. ¿Tal vez sea una pista?

—¿Para qué sirven las Matemáticas? —pregunté en una conferencia.


Ninguna de las respuestas era del estilo «Para hacer cajas de números y dividir por seis cifras» ni «Para saber la escalera de capacidad». Más bien eran del tipo: «Para saber pedir una hipoteca», «Para entender la música», «Para entender lo que tenemos a nuestro alrededor, espacio y tiempo».

—¿Para qué sirve la Lengua? —fue la segunda pregunta.


Nadie respondió que su finalidad era la de saberse de memoria todos los determinantes o pronombres, ni la lista de preposiciones. Sus respuestas eran: «Para comunicarnos», «Para expresar emociones», «Para decir te quiero», «Para llegar a los sitios».

Todas sus respuestas se relacionaban con la vida. ¿Qué otra pista necesitamos? Hacia allí es adonde tenemos que dirigirnos como maestros. No nos podemos permitir vivir en una burbuja donde los niños pierdan su esencia y terminen en un lugar u otro dependiendo de que saquen un cuatro o un ocho.


De nosotros, maestros y maestras, depende que este mundo en el futuro sea un lugar mejor, porque cada día que asistimos a clase tenemos la posibilidad de contagiar e influir con nuestra actitud y con nuestra pasión a todas las personas que ahora son niños pero que rápidamente dejarán de serlo. Hacedles participar en la sociedad, enseñadles a ser respetuosos y luego ocupaos de los datos. Más allá de estándares, logros, decimales y casillas a rellenar que pretenden transformar a nuestros chicos y chicas en máquinas evaluables, no olvidéis que lo que tenemos enfrente, si nos agachamos un poco y nos ponemos a su altura, son los ojos de un niño que tiene más sueños que una simple nota. Sed maestros, sed padres, pero no olvidéis lo más importante: disfrutad de ello y contagiad.

viernes, 13 de noviembre de 2020

Tertulia 4: ¿Metodología? Sobre la marcha

- ¿Qué metodología utilizas? —me preguntaban con frecuencia en los medios de comunicación.

- Pues... —pensaba yo—, sobre la marcha.


Aunque debiera matizar un poco, porque al analizar los proyectos que he hecho descubro que no todo se construye sobre la marcha. Es cierto que no parto de una idea preconcebida de lo que haré antes de conocer a los niños, pero sí que hay ciertas actuaciones que se repiten de alguna manera en estos proyectos que he llevado a cabo. Y como esta pregunta se ha repetido tantas veces y me ha obligado a pensar sobre ello ahora soy capaz de desglosar las características comunes que presiden mi trabajo:


Contexto

Lo primero que un maestro debe tener en cuenta es el contexto en que vive cada niño. No es lo mismo

que un niño estudie en un colegio de los que llaman de difícil desempeño o que lo haga en una escuela de un pueblo de doscientos habitantes o en otra de seiscientos alumnos en el centro de una gran ciudad. Son niños y cuentan con los mismos ingredientes, sin duda, pero seguramente tendrán inquietudes distintas. Quizá el niño del pueblo esté pensando en que al terminar las clases se dedicará

a recoger fruta con su abuelo; tal vez el de la escuela de difícil desempeño no lo tiene tan sencillo

cuando juega por su barrio.


Soy maestro pero no lo sé todo

Soy consciente de que esta actitud puede romper con el paradigma del maestro de toda la vida, según

el cual el conocimiento residía exclusivamente en el docente. Sin embargo funciona a la perfección como una herramienta que activa el deseo de participar de los niños.


Cuando llego a una escuela nueva les digo:

—Mirad, soy maestro, pero yo no sé todo. Vosotros podéis enseñarme a mí.

Enseguida empiezan a sentirse implicados y se dan cuenta de que realmente pueden dar de su parte, que pueden empezar a colaborar en su aprendizaje y en el mío, y para ellos esto resulta fundamental.

Confieso que durante todos estos años he aprendido muchísimo de mis alumnos. No solo sirve para que ellos se sientan a gusto en la escuela. Con esta premisa también el maestro está aprendiendo continuamente. La información está en todas partes y pueden venir con cosas muy interesantes que contar. Cuando yo estudiaba, la ventana al mundo era un libro de texto. En la actualidad, miles de datos entran en nuestras cabezas por todos lados, y los niños tienen un acceso a las fuentes de información del que carecíamos en nuestros tiempos de estudiantes.


En este sentido, hay que enfatizar la importancia de que estés a la altura de un niño cuando éste te mire. Por eso creo que las tarimas elevadas para marcar la jerarquía de los docentes ya están fuera de lugar. Esto me trae a la mente una anécdota que me sucedió hace unos años y que seguro repetiría tal cual por muchos que pasaran, y que resumo a continuación.


Timidez

De pequeño yo era increíblemente tímido. Sigo siéndolo aunque lo disimule. Era un estudiante aplicado, sacaba buenas notas en la escuela, pero no me atrevía a levantar la mano. Entonces, cuando el maestro preguntaba y yo me sabía la lección, le susurraba la respuesta a Juan Carlos, que también se sentaba cerca de mí. Desde ese instante, él ya poseía el conocimiento y la decisión para compartirlo. Levantaba la mano, porque Juan Carlos carecía de esa barrera que tenía yo, y por mi parte le miraba con una mezcla de impotencia y admiración.

No puedo permitir que mis niños tengan esa limitación. Sí, puedes ser tímido pero has de saber que tienes que dar un paso hacia delante y superar ese muro estúpido que tú mismo te autoimpones. No puedo consentir que mis niños no sepan hablar en público.

¿Por qué un don tan importante como es el don de la comunicación (oral sobre todo) sigue sin estimularse en las escuelas? Porque hablar en público no solo sirve para impartir conferencias delante de cuatrocientas personas. El hecho de enseñar a la gente a hablar en público delante de los compañeros sirve para que uno pueda expresar sus emociones, compartir sus pensamientos, defender sus argumentos... Seguro que algunos de vosotros o algunas de vosotras os habéis quedado alguna vez callados porque pensáis: «Yo contestaría pero me da vergüenza». Hemos de romper ese muro y podemos conseguirlo desde las escuelas. Se puede ejercitar invitando a los niños a subir a la mesa y empezar a hablar uno o dos minutos sobre cosas distintas. Maestros y maestras, enseñad a los niños a hablar en público. ¡Qué manchen las mesas con huellas de zapatos del 36!


Implicación

Unas páginas atrás me serví del ejemplo de mi padre y mi hermano con la carpintería para referirme a la implicación, que es una de las claves más sencillas para favorecer la motivación. Los niños han de sentirse implicados. Uno está a gusto en un sitio cuando se siente comprometido de verdad con lo que hace.

Pero esa implicación-motivación tiene dos vertientes distintas y ambas son profundamente interesantes. Por un lado, me refiero a implicar a los niños para que ellos se sientan parte de su aprendizaje, como decía antes, pero también debemos invitarles a implicarse con la sociedad y que piensen qué pueden mejorar ellos en el mundo. Tenemos que abrir ventanas, tenemos que tirar muros para que la sociedad entre en la escuela y para que la escuela y la clase salgan a la sociedad. Las puertas de las escuelas han de estar abiertas; no solo para que entren los niños, sino para que sus ideas salgan y transformen el mundo. Debemos invitarles a que analicen lo que sucede fuera, que ejerciten un punto de vista crítico, que interactúen con la sociedad y que reflexionen sobre lo que ellos mismos pueden mejorar, porque los niños pueden hacer cosas increíbles si se les da la oportunidad. En otra de las escuelas donde estuve, el AMPA nos pasó una nota donde solicitaba la opinión de los maestros y maestras para que compartiéramos con ellos qué ideas se nos ocurrían para mejorar un parque que había allí cerca. La nota pasó rápido por el claustro y enseguida se cambió el debate al siguiente tema.

—Dejadme la nota, que preguntaré a los niños qué parque quieren para ellos —dije.

Si ponemos un cartel en un parque en el que se avise de que debe respetarse, el respeto puede durar tanto como el cartel. Si le das a un niño la oportunidad de participar e incluso la responsabilidad de proponer, plantará un árbol, colocará una baldosa... Será el primero que lo respete y el primero que contagie a otros para que lo hagan. Y eso perdurará durante años.

Una señora de otra escuela donde trabajé dijo en un claustro:

—No voy a dejar que los niños rieguen las plantas porque se secan.

Enséñales cómo deben regarlas y dales una responsabilidad para que las cuiden, y luego hablemos

de los resultados.


¿Os gusta vuestro trabajo?

Puede que algunos respondáis que no, que no os gusta vuestro trabajo. En ese caso, y aunque sé que

ahora es difícil encontrarlo, al menos tenéis la opción de buscar otro. Los niños, por el contrario, n cuentan con esa posibilidad, y su «trabajo» consiste en pasar horas y horas durante años en clase. Y la única respuesta que encuentran por parte de los adultos, es esa frase que hemos dicho cientos d veces: «Es tu obligación». También es nuestra obligación ir a trabajar, pero si no nos gusta podemos cambiarlo. Por consiguiente, tenemos que hacer lo posible para que los niños vayan a gusto a la escuela. E ir a gusto significa sentirse implicado, conservar la esencia que uno tiene, mantener despierta la curiosidad, sentir que se le escucha... Todo se resumiría en esta frase: Si no os gusta, podéis cambiarlo; los niños no tienen esa opción.



jueves, 12 de noviembre de 2020

Tertulia 3 YO NO HAGO NADA EXTRAORDINARIO: SOLO ME DIVIERTO EN CLASE

 

Si nada hubiera sucedido, si no hubiera sido nominado, habría seguido siendo muy feliz. Pero confieso que el preparar la candidatura para el Global Teacher Prize y que ello me obligara a recopilar material de esos seis años, opiniones de los niños y los padres de los distintos lugares

donde había sido maestro, de gente de la educación con la que había coincidido... fue uno de los mejores acontecimientos que podía imaginar. El resultado fue un vídeo de una hora y veintiséis minutos, un tesoro que guardaré conmigo para siempre. Eso, en sí mismo, era ya un premio.

Una vez terminado lo envié, y el jurado, compuesto por pedagogos y gente que trabaja en la educación de todo el mundo, consideró que mis propuestas entraban dentro de los criterios para colocarme entre esos cincuenta maestros. ¿Y cuáles eran dichos criterios? Según rezan las bases, el maestro debe ser innovador, debe estar comprometido con su entorno e inspirar a los alumnos y a la comunidad. Bases que, en realidad, deberían ser requisitos para cualquier maestro.

Se presentaron 5.000 candidaturas de 127 países; de éstas, quedaron preseleccionadas 1.300 y de ahí se eligió a los cincuenta finalistas.

El hecho de que hubiera un español entre los finalistas provocó que todos los medios de comunicación se hicieran eco de la noticia. Radios, periódicos y televisiones hablaban sobre el premio mundial al profesorado. En las peluquerías se charlaba sobre los maestros que habían marcado las infancias y sobre métodos más o menos buenos. Durante un tiempo se hablaba de educación y deporte indistintamente. Parece surrealista, ¿cierto? En definitiva, se estaba hablando de educación en positivo, y eso, en España, parecía casi un milagro, después de tanto tiempo en el que la palabra «educación» se había estado asociando a aspectos negativos y siempre mejorables. La palabra «maestro» no era muy bien considerada, y los resultados PISA y demás baremos internacionales no favorecían demasiado el que se nos tratara con el respeto que esta profesión merece.

De esa fase se pasó a seleccionar a los diez finalistas. Y el día anterior al que anunciaban a los diez elegidos, mis compañeros, reunidos en la sala de profesores de la escuela Puerta de Sancho, me decían:

—Y ¿vas a poder dormir bien esta noche? ¿No estás nervioso?

—Pues sí. Claro que voy a dormir muy bien. Y no, no estoy nervioso.

—No sé cómo puedes —resoplaba una compañera.

—Mirad. —Me senté—. Era muy difícil entrar entre los cincuenta; no esperéis que esté entre los diez.

Dormí bien, y al día siguiente supe que no había sido seleccionado. Cuando llegué a la escuela, las compañeras ponían cara de apesadumbradas y manifestaban su desilusión, dándome fuerzas mientras me sujetaban el brazo.

—Lo siento, César, lo siento.

Yo les animaba:

—Nada de «losientos». No sientas nada. Esto ha sido un regalo. Hace tres meses no había nada y ahora tenemos todo esto. Por fin se está hablando de educación en positivo en España. Y esto va más allá de que esté yo o no, trasciende del hecho de que yo esté aquí: otra persona podría ocupar este lugar.

En definitiva, les animaba a pensar en todo lo bueno que estaba sucediendo y que puede desarrollarse a partir de ahora. Por cierto, el premio lo ganó Nancie Atwell, una estadounidense. Pero la aparición de un maestro en un late show un sábado noche había sido trending topic en España. Meses después, a diario seguía hablándose en los medios de comunicación de que una nueva educación estaba surgiendo; proyectos

que ya se realizaban antes de que nadie supiera de César están saliendo a la luz; se habla de metodologías que llevaban años probándose en distintos colegios y que ahora acaparan artículos de opinión. Sin duda, todo esto se debe a la aparición del Global Teacher Prize y a la Fundación Varkey Gems. Pero, insisto, yo me siento un maestro entre tantos que fue invitado a la fiesta del cambio y que ve lo que sucede desde una posición privilegiada en un momento que probablemente recordaremos durante años.

Que se hable de educación en positivo: ése es el verdadero premio. Otra de las recompensas que este premio trae de la mano es el hecho de que mucha gente, muchos maestros y maestras en España y en muchas partes del mundo, van a sentirse valorados porque nunca han descuidado el factor humano en su trabajo. Y quizá donde antes la gente decía «qué cosas tan raras hacen éstos en clase», ahora se aprecie esa labor en su justo valor, pues coloca a los niños en el centro de importancia. Tocará que madres y padres que se mostraban reacios a esa metodología hasta entonces «curiosa» apoyen sin reservas a estos maestros locos que se empeñaban en trabajar más la empatía y la sensibilidad de sus hijos. Puede ser que directores o directoras de centros abran los ojos ante la tendencia de escuchar a los niños; que algunos compañeros o compañeras no se muestren tan reacios ante proyectos que impliquen a todos los niños y al contexto donde viven; que algunas administraciones apoyen a esta gente que decide arriesgar y dedicar su tiempo a dar protagonismo a los niños y las niñas.

Tertulia 2: APRENDER APRENDER APRENDER

 

A pesar de no haber quedado entre los diez finalistas, la organización me invitó a Dubái para el acto final del Global Teacher Prize. Estuve allí con los diez seleccionados y conocí a gente extraordinaria, maestros y maestras como nosotros. Entre ellos a Kiran, una maestra india que había conseguido parar el tráfico de las calles de Nueva Delhi para que los niños se sentaran en mitad de las calzadas y darles voz. Conocí a Phala, una maestra como nosotros pero de Camboya en este caso, que había logrado crear las primeras escuelas para niños con ceguera. Al parecer, en Camboya, si un niño nace con ceguera la creencia dice que ha hecho algo mal en otra vida y ya no tiene opción de hacer nada, ni siquiera puede acceder a la educación. Ella se plantó ante las creencias y dijo: «¡No!». De ese modo creó las primeras escuelas para que niños y niñas con ceguera pudieran estudiar. Conocí también a Aziz, un maestro normal y corriente de Afganistán que había conseguido levantar escuelas sobre las ruinas que habían dejado los talibanes. También hablé con Stephen, un maestro como nosotros que es capaz de plantar lechugas y crear un huerto en las azoteas de los rascacielos de Nueva York con niños del Bronx.

Y conocí a la ganadora, Nancie Atwell, una estadounidense que conseguía que los niños leyeran cuarenta libros al año, y que con su mirada dulce, infinita, me transmitió un bienestar que raya lo paranormal.

Cuando llegué a España, uno de los primeros comentarios que me hicieron fue: —Si ha ganado esta señora norteamericana, algo tendrá que ver con las editoriales... algo habrá.

Me dio pena. Podría acercarse a la realidad o no con ese comentario, pero lo cierto es que la maestra que me lo comentó se había agarrado a lo negativo, a la crítica vacía, y me llevó a plantearme de qué estamos construidos los maestros. No pude menos que contestarle: —Puede que tengas razón. Puede que los otros candidatos tuvieran más méritos. Pero ni tú ni yo podemos construir escuelas en las ruinas que dejaron los talibanes porque nos cae un poco lejos.

Construir huertos con niños del Bronx se lo dejo a Stephen y confío en que un día me invite a ver cómo consigue que adolescentes conflictivos sean felices respetando lo que tienen a su alrededor.

Esta señora consigue que los niños lean cuarenta libros al año: intenta imitarla. Si lo logras, cuéntame cómo lo haces y seguiré tus consejos. Y si no, ¿qué puedes hacer tú para mejorar el mundo como maestra?

Aprendamos, siempre: de Finlandia, de aquellos maestros que nos inspiraron, de los compañeros que tenemos justo al lado. Y que los demás aprendan también de lo que nosotros hacemos en nuestras aulas. Además, aprendamos también de los niños, que tienen mucho que enseñarnos.

Conocí a personas maravillosas en Dubái, pero también he conocido a gente tremendamente interesante durante todos estos años. Por eso ahora me siento privilegiado de poder recorrer España y conocer a seres excepcionales. No os imagináis la cantidad de gente extraordinaria que hay por el mundo y que dedica su vida a la enseñanza. Y ahora en mis viajes tengo la oportunidad de invitarles a gritar: a mostrar sus proyectos y a contagiar con su actitud, porque merece la pena que se conozcan, porque tenemos que valorar lo que todas estas personas hacen.

¿Qué es una Tertulia Literaria Dialógica?

 

Se trata de una dinámica a realizar en gran grupo, donde los/as alumnos/as de forma colectiva dialogan y expresan sus emociones, sentimientos y opiniones a partir de la lectura de la obra “La Nueva Educación. Los retos y desafíos de un maestro de hoy”, del autor César Bona. 


Los/as alumnos/as aprenden, por una parte, a escuchar, interesándose y respetando las opiniones de los demás. Y por otra, a expresar sus opiniones, juicios y sentimientos de forma asertiva y sin miedo a equivocarse porque su idea u opinión esté mal, pues toda opinión es respetable.

A través de las Tertulias Literarias Dialógicas se potencia el acercamiento directo del alumnado sin distinción de edad, género, raza, cultura, condición, ...

A lo largo de la asignatura, realizaremos diferentes con nuestro grupo/clase, y utilizaremos este medio para expresar todas aquellas ideas, opiniones, críticas argumentadas y comentarios.

Es fundamental vuestra participación.




Práctica 2 de Educación Primaria, grupos C yD

  Día Mundial de la Violencia de Género                           Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=cQwJxhIF4DI           Vamos a deba...